Castillo

Introducción

Si los templos fueron la expresión de las religiones dominantes, castillos y palacios constituyeron, hasta el desarrollo de las modernas sociedades industriales, el símbolo máximo de los poderes temporales.

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(Del latín castellum.) En alemán, burg; en francés, château fort; en inglés, castle; en italiano, castello. Lugar fuerte, cercado de murallas, baluartes, focos y otras fortificaciones.

Castillo de Chenonceau, en el departamento francés de Indre-et-Loire.

Introducción

Si los templos fueron la expresión de las religiones dominantes, castillos y palacios constituyeron, hasta el desarrollo de las modernas sociedades industriales, el símbolo máximo de los poderes temporales.

La palabra castillo, derivada del latín castellum, diminutivo de castrum, que significa campamento fortificado, se aplica, en sentido estricto, a un tipo de edificio fundamentalmente defensivo protegido con murallas, torres y fosos, característico de la edad media europea. El palacio, sin embargo, si bien en algunas ocasiones tuvo rasgos de fortaleza, se define, a lo largo de la historia, como una residencia más bien lujosa, propia de un príncipe o un rey. Este término acabó designando también las grandes mansiones nobiliarias de carácter monumental construidas desde el Renacimiento.

Estructura general

Construcción defensiva fundamental en la sociedad feudal europea, el castillo era la residencia fortificada de un rey o señor. Solía construirse aislado y en lugares elevados o de difícil acceso.

Castillo-palacio de Riegersburg, en Hardegg (Baja Austria.)

Su estructura constaba, en esencia, de los siguientes elementos: una o varias murallas concéntricas, rodeadas de profundos fosos, varias torres o baluartes en esas mismas murallas, para favorecer la defensa; una puerta principal, a la cual se accedía, generalmente, por un puente levadizo y que se protegía con accesos en recodo y rastrillos de madera y hierro, accionados mediante poleas y tornos; un patio central, en torno al cual se distribuían todas las dependencias; y, por último, la torre del homenaje o núcleo principal, que, en ocasiones, constituía por sí sola todo el castillo, dispuesta de forma que pudiera ser defendida con independencia del resto del recinto.

Esta torre, que solía ser de planta rectangular o circular, contenía todas las estancias y elementos necesarios para resistir un asedio, desde aposentos privados y públicos hasta hornos de pan, pozo, almacenes de comestibles y graneros. Situada al principio sobre un montículo en el centro del recinto fortificado, la torre del homenaje se desplazó después a un lateral para hacer posible el suministro de auxilios desde el exterior. En algunos casos podía estar aislada del castillo por otro foso, con una pasarela móvil como único acceso.

Los castillos contaban también con otros medios de defensa, como las almenas, que coronaban los muros y ofrecían protección; los matacanes, parapetos salientes en lo alto de los muros que permitían disparar contra el enemigo situado debajo; y las torres barbacanas, construidas como elementos aislados y exteriores al conjunto.

El castillo de Obidos, en Portugal.

Otra de las características de este tipo de edificaciones era la casi inexistencia de ventanas, sustituidas por estrechas arpilleras que proporcionaban escasa luz pero favorecían la defensa. La habitación principal, cuyos grandes muros de piedra se decoraban a menudo con tapices y colgaduras, se calentaba inicialmente con un hogar y, más tarde, mediante amplias chimeneas adosadas a la pared.

Tipos de castillos

El castillo o fortaleza medieval tiene dos orígenes: el nórdico, que rehúye los espacios abiertos, y el musulmán, que aporta las tradiciones orientales mediterráneas.

Castillo de origen nórdico

Consta de una villa romana y de una zona centrada en una sala o hall. En la villa surgen dos elementos nuevos: la torre y la capilla; según el Cronicón de Idacio, la torre apareció con las invasiones bárbaras; por otra parte, una ley franca del 398 impone la capilla. Los primeros ejemplares normandos (Francia, Inglaterra) constan de torre con bases de tierra o piedra y madera encima, ceñida por un foso, con parapeto y empalizada en la cresta (mote, en español mota). En el interior de la torre está el hall o sala de reunión, que sirve a la vez de comedor y dormitorio.

Una venta de Montagut (Tarragona) responde a la villa con torre, muros, fosos y empalizadas (998). De esta misma fecha son las ruinas de las torres de Oeste (Catoira, La Coruña) y la torre de Da Urraca, en Covarrubias (Burgos), que fue de Fernán González (s. IX a X). Fuera de España están los restos de Arques (Dieppe, Normandía) de ca. 1040, que presentan torre de piedra (donjon), foso, empalizada, etc.; la torre de Lourdes (ca. 1090), de cuatro pisos y alrededor un patio amurallado; el viejo Louvre (París), donjon de planta circular y recinto cuadrado fortísimo (anterior a 1223), que sirvió de modelo a otras muchas torres. Muchos castillo españoles siguen esta forma desde principios del s. XI; la torre aislada (s. X-XI) sirvió para transmitir alarmas (atalaya); después será, con frecuencia, signo de señorío (torre del Infantado en Potes, Santander).

El verdadero castillo, dispuesto para defensa palmo a palmo, está reflejado en el Cháteau Gaillard, de Ricardo Corazón de León (fines del s. XII), cerca de Rouen. En esta misma época la sala y el dormitorio del castillo se separan de la torre: es el primer paso del castillo fortaleza hacia el palacio fortificado. Una modalidad menor es el manoir francés (manor-house inglés), propiedad rural con fosos y murallas, pero sin torres; centrado en el hall, presenta un típico techo armado de madera. Parece ser que fueron así primitivamente Fontainebleau y Blois, Lincoln y Lincs (s. XII-XIII). El hall está delimitado por, una mampara (screen) con tres puertas, frente a los servicios y en la parte opuesta un estrado (dais), que destaca el lugar de honor.

En España se adosa a la torre una casa (Costana, Reinosa, s. XIII), a veces aislada por puentes (Vallgorguina, Barcelona), fosos (Revenga de Campos, Palencia), o se transforma en casas-torre urbanas (Santillana, s. XIII y XV; Cáceres, s. XV-XVI; Saldañuela, en Sarracín, cerca de Burgos).

Castillos de origen musulmán

El modelo musulmán aparece completo de muros desde Abderramán 111, con palacio (alcázar) y defensas constituidas por entonces: Medina Azahara (s. X), la Aljafería de Zaragoza (s. XI); también con alcazaba, amplio recinto amurallado, de traza irregular, adaptada al terreno, ocupado por un poblado permanente, y dominado por otra zona fuerte y unas torres: Gormaz (Soria) del s. X, y la Alhambra (sumados en el XIV los palacios de Yusuf y Muhammad V); del s. XI, Málaga y Almería.

Su repercusión en lo cristiano aparece en los castillo de frontera de Sancho el Mayor (1005-35), quizá sobre alcazabas; el castillo de Loarre (Huesca) es el mejor conservado; fue ampliado por Sancho Ramírez (ca. 1070) y por Pedro I en 1095. Éste añadió el recinto externo con cubos de planta circular, tomados de la Aljafería, procedentes, a su vez, de la muralla romana. Gormaz presenta una silueta muy alargada con torre central, repetida en Castilla: Peñafiel, Valladolid, Peñaranda de Duero (Burgos), s. XIII-XIV. Las alcazabas de Zorita de los Canes (Guadalajara, s. X) y Escalona (Toledo) fueron aprovechadas en la Reconquista. La segunda tiene un palacio añadido por D. Álvaro de Luna en 1435-37, además de unas torres albarranas en la muralla, s. XIII, separadas del muro y unidas por puentes en lo alto.

El castillo típico consta de un recinto externo cercado de muros y torreones, albacara, de al-baggara, a veces doble y aun triple, para refugio de gente y ganado en caso de algara rápida; un camino tortuoso entre murallas; una puerta externa, protegida frecuentemente por su castillejo, y la del castillo, por la que también se penetra a la plaza de armas (patio en los alcázares), rectangular cuando es posible, y rodeada de cobertizos con fines militares. La vivienda está en la torre más fuerte llamada torre del homenaje, que alude al servicio prestado por el señor o tenerte a su monarca, al recibir el castillo

Las murallas, los cubos y la torre están coronados por el adarve (de al-darb) o paso superior de la gente de armas, protegido por las almenas, grandes y cuadradas hasta los almohades, que las traerán pequeñas y picudas (s. XII: muralla de Sevilla y castillo andaluces). Los muros interiores y la torre llevan garitas o torrecillas voladas en lo alto, y matacanes (obra voladora con parapeto y con suelo aspillerado para observar y hostilizar al enemigo), por lo menos desde comienzos del s. XIV, tendidos los últimos como adarves volados a lo largo de los muros. A partir del s. XIII se van acomodando a una vida menos dura: en el s. XIV se abren ventanales en los muros y a finales del XV y comienzos del XVI son palacios con aparato exterior de castillo: la Calahorra (Granada), 1509-12; Vélez Blanco (Almería), 1506-15; Villanueva de Cañero (Salamanca), fines del XV; Olite (Navarra), terminado antes de 1480; los moriscos de Coca (Segovia), 1473; el castillo de la Mota en Medina del Campo (Valladolid), s. XIII; además de los lujosos castillo de Belmonte (Cuenca), 1456; el Real de Manzanares (Madrid), 1435, y el de Bellver en Mallorca (1309-14).

Los Reyes Católicos en España, y el uso normal de cañones en el resto de Europa, terminaron con los castillo, aunque se siga aplicando este nombre a muchos, que nada tienen de fortalezas. Todavía en tiempos de Felipe II hay que señalar los picudos tejados del Alcázar de Segovia y el de Simancas.

Distribución geográfica y variedades

Las guerras que de forma continuada azotaron a Europa entre los siglos IX y XIV impulsaron, en casi todas las regiones, la construcción de castillos, que mostraron una notable uniformidad estructural y estilística, únicamente alterada por la peculiaridad del terreno. Los castillos europeos modificaron y perfeccionaron sus sistemas constructivos y defensivos con las aportaciones de los cruzados que, en sus expediciones a Tierra Santa, estudiaron las fortificaciones orientales. A su vez, estos cruzados edificaron en Siria y Palestina castillos de acuerdo con el modelo europeo, que recibieron el nombre de krak.

Entre los castillos construidos en territorio francés, hay que mencionar el Louvre, en París -cuyas obras se empezaron en 1190-, el Château-Gaillard y el Pierrefonds. Desde el siglo XV, estas fortificaciones perdieron su carácter medieval y se construyeron lujosas mansiones, como Chambord o Chenonceaux, en la cuenca del río Loira.

El castillo de Hluboká nad Vltavou, en la región de Bohemia Meridional.

En las islas británicas, los castillos, cuyo precedente histórico se hallaba en las simples torres de madera rodeadas de una muralla y utilizadas por los normandos en sus conquistas, fueron también muy numerosos. Entre los más notables estuvieron los de Windsor y Newcastle, el de Harlech en Gales, y el célebre Hampton Court, en las cercanías de Londres, reconstruido por Enrique VIII en el siglo XVI según el modelo palaciego italiano.

Los castillos alemanes, denominados burgs, se alzaron principalmente en la ribera del Rin y en la región de Turingia. A juzgar por sus ruinas, uno de los más bellos debió ser el de Heidelberg, que se inició en el siglo XIII.

En Italia, estas construcciones fueron menos abundantes que en otras zonas de Europa, ya que los grandes señores solían residir en las ciudades en sus palacios más o menos fortificados. Merecen nombrarse el Castel del Monte, de planta octogonal, edificado por Federico II de Hohenstaufen, y el Castel Nuovo de Nápoles, reconstruido en el siglo XV por Alfonso I de Aragón sobre las ruinas de una fortaleza angevina del siglo XIII.

El largo período de contiendas que significó la Reconquista en España hizo levantar en este país un gran número de fortificaciones de este tipo en todas sus regiones y, especialmente, en Castilla, cuyo nombre significa precisamente tierra de castillos. Desde las primeras fortalezas establecidas por Alfonso I de Asturias para defender su reino del avance de los musulmanes y los primeros castillos pirenaicos de influencia europea, como el románico de Loarre, del siglo XI, hasta las fortificaciones castellanas de Peñafiel o la Mota, ya en el siglo XIII, se extiende una interminable lista a lo largo y ancho de la geografía española. No pueden olvidarse alcazabas y alcázares construidos en la España musulmana, como el de Sevilla o el gran recinto arquitectónico de la Alhambra de Granada, prototipo de ciudad-palacio, que comprendía una alcazaba defensiva, estancias públicas y privadas palatinas, baños y extensos jardines.

Castillo de Chambord, en la región del Loira.

Las armas de fuego desarrolladas en los siglos XV y XVI provocaron un cambio en los sistemas defensivos y en la arquitectura militar, que trajo consigo la decadencia de los castillos medievales. Éstos fueron sustituidos por fortificaciones propiamente militares, en lo que concierne a su función defensiva, y por palacios o mansiones, en el aspecto residencial, construidos de acuerdo con las nuevas tendencias estéticas.

Un fenómeno semejante al castillo de la Europa medieval se dio en Japón con los recintos fortificados edificados durante el siglo XVI, en el período Momoyama, cuyos ejemplos más significativos son el castillo de Azuchi, construido por Nobunaga Oda, y el de Osaka, mandado edificar por Hideyoshi. Estos conjuntos constructivos comprendían gruesas murallas de piedra, rodeadas de profundos fosos que delimitaban un amplio recinto con dependencias para usos oficiales y privados, y una torre de defensa de varios pisos. El interior, dividido por paneles móviles, según era usual en la arquitectura tradicional japonesa, estaba decorado con pinturas de grandes artistas de la época. En torno al recinto fortificado se agrupaban las casas de los vasallos, comerciantes y artesanos, distribuidas según un plan cuidadosamente establecido.

En Francia merecen citarse, Pierrefonds (1396), Sullysur-Loire (ca. 1450), Chambord (1526), Maisons (1650), sin el menor asomo ya de castillo medieval. De Alemania: Schónburg, Meersburg, Heidelberg, etc. En Inglaterra, Windsor (s. XII, muy modificado posteriormente), Rochester (s. XIII), Kent (1388), Kenilworth (1120).


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