Edificio Narkomfin
Contexto ideológico: la «casa-comuna» y el byt En los años inmediatamente posteriores a la Revolución rusa de 1917, el debate arquitectónico y urbanístico soviético estuvo dominado por una pregunta que combinaba dimensiones políticas, filosóficas y espaciales: ¿cómo debe ser la vivienda del hombre nuevo socialista?. El concepto clave era el de byt —la vida cotidiana, la totalidad de los hábitos y rutinas domésticas— que los bolcheviques más radicales consideraban un territorio colonizado por la ideología burguesa que había que transformar desde la raíz. La cocina individual de cada familia perpetuaba el aislamiento privado y la sumisión de la mujer al trabajo doméstico; el dormitorio conyugal reproducía la estructura patriarcal de la familia burguesa; la crianza individual de los hijos transmitía valores del pasado en lugar de educar ciudadanos socialistas. La casa-comuna (dom-kommuna) —un edificio en el que las funciones domésticas colectivas se extraen del apartamento individual y se concentran en equipamientos compartidos— era la respuesta arquitectónica a ese diagnóstico político: un artefacto diseñado para modificar el comportamiento de sus habitantes mediante la configuración del espacio.
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