Huelga

Definiciones y conceptos

Tiempo en que uno está sin trabajar. 2. Cesación voluntaria y colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores, adoptada como medida de presión para la satisfacción de un conflicto laboral, social o político, que no se ha solucionado a través de las vías ordinarias. Durante la huelga, sea legal o ilegal, quedan en suspenso las relaciones laborales con exclusión de los derechos sociales (seguridad social), por lo cual los trabajadores dejan de percibir los salarios que hubieran devengado durante los días no trabajados. En los países democráticos, la huelga es un derecho social inalienable. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en sus convenios de libertad sindical y protección del derecho de sindicación, recoge y ampara estos derechos (sindicación y huelga), admitiendo ciertas matizaciones para los funcionarios y restricciones para los militares y las fuerzas de policía. Igualmente, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ambos de 1966) y la Carta Social Europea, así como las constituciones surgidas después de 1945, reconocen en mayor o menor medida este derecho; incluso se han llegado a aceptar en Europa occidental los derechos de sindicación y huelga de la policía (Francia, Italia, Holanda, Gran Bretaña, Alemania, España y países escandinavos). En determinadas actividades, las legislaciones respectivas exigen el mantenimiento de los llamados servicios mínimos, con lo que se quiere asegurar que la comunidad no quede totalmente desatendida. El derecho de huelga se halla previsto en la Constitución española de 1978, pero hasta la fecha no se ha promulgado la correspondiente ley orgánica desarrolladora de dicho derecho, puesto que no se incluyó en el Estatuto de los Trabajadores. De momento, se rige por las normas del Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, con las modificaciones que ha introducido en las mismas en una sentencia el Tribunal Constitucional. 3. Tiempo que media sin labrarse la tierra. 4. Recreación que se tiene en el campo o lugar ameno. 5. Sitio que convida a la recreación.

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La etimología aquí ilustra relativamente bien sobre el significado de la palabra. En castellano huelga procede de fuelgo, aliento, respiración, respiro y se corresponde con holgorio, que es tanto como diversión bulliciosa, regocijo. Más cerca de su significado actual está etimológicamente la palabra inglesa strike (en alemán Streik), que probablemente no deriva de to strike (golpear), sino del latín stringere, que quiere decir apremiar, constreñir, coaccionar. Y en italiano el vocablo tiene una intención semántica clarísima: sciopero, de sci y operari (salir del trabajo). La palabra francesa gréve deriva de la plaza del mismo nombre, donde se reunían los trabajadores parisinos desocupados. Todo ello alude a la esencia del fenómeno de la huelga, que específicamente puede definirse con Johannes Messner como «el abandono del trabajo por los obreros organizados para la consecución de fines económicos, sociales o políticos».

El comité de huelga en el penal de Cartagena. En 1917 en España, varios miembros de la UGT tuvieron una decisiva intervención en la organización de la Huelga General de agosto del mismo año. Fracasada la huelga varios miembros del Comité de Huelga como: Saborit, Anguiano y Largo Caballero son llevados ente un Consejo de Guerra y condenados a cadena perpetua, e ingresa en el Penal de Cartagena.

Definiciones y conceptos

Tiempo en que uno está sin trabajar. 2. Cesación voluntaria y colectiva de la actividad laboral por parte de los trabajadores, adoptada como medida de presión para la satisfacción de un conflicto laboral, social o político, que no se ha solucionado a través de las vías ordinarias. Durante la huelga, sea legal o ilegal, quedan en suspenso las relaciones laborales con exclusión de los derechos sociales (seguridad social), por lo cual los trabajadores dejan de percibir los salarios que hubieran devengado durante los días no trabajados. En los países democráticos, la huelga es un derecho social inalienable. La Organización Internacional del Trabajo (OIT), en sus convenios de libertad sindical y protección del derecho de sindicación, recoge y ampara estos derechos (sindicación y huelga), admitiendo ciertas matizaciones para los funcionarios y restricciones para los militares y las fuerzas de policía. Igualmente, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, el de Derechos Económicos, Sociales y Culturales (ambos de 1966) y la Carta Social Europea, así como las constituciones surgidas después de 1945, reconocen en mayor o menor medida este derecho; incluso se han llegado a aceptar en Europa occidental los derechos de sindicación y huelga de la policía (Francia, Italia, Holanda, Gran Bretaña, Alemania, España y países escandinavos). En determinadas actividades, las legislaciones respectivas exigen el mantenimiento de los llamados servicios mínimos, con lo que se quiere asegurar que la comunidad no quede totalmente desatendida. El derecho de huelga se halla previsto en la Constitución española de 1978, pero hasta la fecha no se ha promulgado la correspondiente ley orgánica desarrolladora de dicho derecho, puesto que no se incluyó en el Estatuto de los Trabajadores. De momento, se rige por las normas del Real Decreto-ley 17/1977, de 4 de marzo, con las modificaciones que ha introducido en las mismas en una sentencia el Tribunal Constitucional. 3. Tiempo que media sin labrarse la tierra. 4. Recreación que se tiene en el campo o lugar ameno. 5. Sitio que convida a la recreación.

Clases

Si recordamos las características expuestas más arriba, encontraremos pie en cada una de ellas para diferentes clasificaciones:

1) El cese puede consistir en dejar de entrar en el centro de trabajo; en no trabajar, pero dentro del centro de trabajo (brazos caídos, para evitar el cierre o el lock-out), y puede incluso producirse mediante la ocupación de fábricas (con fines de expropiación o simplemente para aumentar la presión antipatronal).

2) Hay huelga pacíficas y violentas, consistiendo muchas veces la violencia eh la coacción sobre los disconformes. Incluso se puede impedir físicamente la entrada al trabajo (piquetes).

3) Dentro de los asalariados, de hecho han sido distintas frecuentemente la posición de los obreros y la de los empleados. Muchas veces estos últimos no se han solidarizado con los primeros. También pueden distinguirse las huelga del sector privado de las del sector público.

4) La organización suele correr a cargo de los sindicatos; pero hay, junto a las organizadas, que generalmente suponen además un plazo de aviso, las huelga espontáneas informales.

5) Por su extensión las huelga pueden ser de la empresa (o parte de ella); de determinadas rama de la producción (metalúrgicos, p. ej.); y generales (que alcanzan a todos los asalariados, incluso en el ámbito total del país).

6) Las clasificaciones más importantes de las huelga, singularmente en lo que atañe a su enjuiciamiento ético, son las que tienen en cuenta las dos últimas características: coacción sobre el patrono y finalidad de la huelga Por la forma de coacción pueden ser pacíficas, o sea, presionando nada más por el cese de la producción, y violentas, ya con violencia sobre las cosas (sabotaje), ya sobre las personas (atentados). En conexión con esto cabe distinguir las huelga con perturbación de orden público o sin él.

7) Por los fines, hay huelga profesionales (para mejorar las condiciones de trabajo), de solidaridad (con espíritu de clase), políticas (protestas contra actos gubernamentales o incluso contra la actuación de gobiernos extranjeros), y revolucionarias (que no se conforman con la simple protesta, sino que persiguen una subvención de las instituciones).

Discurso de Rosa Luxemburgo en el Congreso de la Internacional Socialista celebrado en Stuttgart (18 de agosto de 1907).

Evolución histórica

Según los diferentes momentos históricos han predominado unos u otros tipos de huelga Siguiendo a J. Villain podemos distinguir varias etapas en la evolución histórica: a) Las primeras huelga, típicas del s. XIX y primeros años del actual, eran, en general, de ámbito reducido -de una sola empresa o de un conjunto de algunas similares-, que no afectaban a la economía general del país y poco o nada al orden público. Tenían carácter exclusivamente profesional y el Estado se desentendía de ellas, aunque hayan estado legalmente prohibidas la mayor parte del s. XIX. Son las que Villain llama huelga clásicas. b) Inspirándose sobre todo en el sindicalismo francés, surgirán en el s. XX, hasta 1920, las huelga revolucionarias, mucho más amplias y con otras finalidades que las clásicas. Pueden citarse la huelga general española de 1917 y la francesa de 1920. c) Un tercer periodo abarca de 1920 a la II Guerra mundial. El mito revolucionario puro se ha esfumado, pero el sindicalismo tiene creciente fuerza. Surgen movimientos reformistas, mucho más profesionales que los de antes de 1920, pero con cariz muy distinto del de las huelga clásicas. Ahora son movimientos de masas, que afectan a la economía del país y a los intereses del público (dan lugar a carestía, hacen subir los precios, producen molestias al público) y tienen a menudo finalidades políticas o de solidaridad. Aunque cede el carácter violento, es de señalar en este periodo la táctica de ocupación de fábricas (Italia hasta 1922, Francia en 1936). d) Desde 1945 se extiende el fenómeno del dirigismo estatal y aun el de las nacionalizaciones, con lo que el Estado no puede ya desentenderse de las huelga ni como legislador social ni como patrono (aparte de su deber de defender el interés público). El final de la II Guerra mundial marcó un aumento grande de las huelga; luego han remitido, caracterizándose por su breve duración, carácter más bien pacífico, tendencia a los fines profesionales, sin que falten las huelga políticas no revolucionarias (recordemos las breves huelga para protestar contra la NATO, la guerra del Vietnam, etc., promovidas por los extremistas de izquierda).

La huelga como hecho sociológico

Se considera aquí la huelga no como materia de enjuiciamiento ético o jurídico-positivo, sino como hecho real y efectivo, o sea, en su dimensión sociológica, por la que queda descrita y explicada en términos de pura realidad fáctica. En su sentido estricto, nace con el sistema de producción industrial moderno, como expresión de un conflicto colectivo permanente en potencia entre dos categorías socioeconómicas bien definidas: patronos y obreros. La sociedad capitalista se define como economía antagónica, de choque de intereses; y para hacer prevalecer los propios de cada grupo existen dos armas: la huelga, que utilizan los trabajadores, y el lock-out que es su equivalente patronal (del inglés lock=cerrar y out=fuera: lock-out es cerrar dejando fuera, como despido o suspensión colectiva del trabajo promovida por los empresarios).

La huelga como conflicto

En la sociología más reciente va adquiriendo cada vez más, relieve la categoría de conflicto; y a ella hemos de acudir para encuadrar y comprender de primera intención la huelga Con ello, ésta recibe una conceptuación muy distinta de la que le venía atribuyendo la tradicional sociología conservadora. Para esta última, no podía ser otra cosa que una perturbación del orden, como un hecho de «patología social»; pero desde el instante en que el conflicto, en general, es pensado como «núcleo creador de toda sociedad y la oportunidad de la libertad», a la vez que como «reto para resolver racionalmente y controlar los problemas sociales» (R. Dahrendorf, Sociedad y Libertad, Madrid 1966, 208), como categoría esencial para explicar el cambio y el progreso (L. A. Coser, Las funciones del conflicto social, México 1961, 14), entonces la huelga puede ser apreciada (no necesariamente apreciada) como un factor positivo de la convivencia humana. Dada la tensión antagónica de la sociedad industrial, si las estructuras se mantienen rígidas (como en la época del «delito de coalición»), la amenaza estará, no en el conflicto como tal, sino en esa rigidez, haciendo falta la huelga autorizada como institución tipo «válvula de seguridad» (que diría Coser). Es lo que expresa certeramente un prestigioso autor: «... la presencia de un conflicto industrial en la Sociedad revela que existe un sistema institucional inadecuado o, lo que es casi lo mismo, una aceptación inadecuada del sistema instítucional vigente» (W. E. Moore). Y yendo todavía más lejos, como es lógico, la Enciclopedia soviética generaliza y totaliza el antagonismo de intereses económicos, diciendo que la huelga es pura y simple expresión de las contradicciones capitalistas, debiendo desaparecer con la sociedad sin clases del socialismo. Como se ve, todas estas ideas chocan con otras muy extendidas; pero la circunstancia de que sean nuevas y originales no las califica por sí como verdaderas o falsas. Es preciso penetrar en el análisis de los hechos para ver si, efectivamente, el conflicto laboral tiene, valor funcional o disfuncional.

Evolución sociológica de la huelga

Aunque este fenómeno, estrictamente entendido, es muy reciente, la rápida mutabilidad de la sociedad industrial hace que haya tenido ya muy diversas manifestaciones. Aquí trataremos de contemplar ese hecho social desde el ángulo de las transformaciones que se han producido en la infraestructura socioeconómica del industrialismo. Por otra parte, en la sección de Doctrina social se ven las distintas formas de huelga; y el examen sociológico ha de centrarse ahora sobre una de las clasificaciones dadas, la que nos habla de las causas y motivos impulsores y de los efectos perseguidos y logrados. Hay huelga profesionales, de solidaridad, revolucionarias y políticas, que precisamente se alinean en buena parte de una manera temporal, correspondiendo el predominio de cada tipo a otras tantas fases del desarrollo industrial. Las demás divisiones (de brazos caídos, pacíficas, violentas, etc.) atienden más bien a aspectos en cierto modo anecdóticos o de mera táctica; aquellas cuatro formas tienen alcance estratégico en el movimiento de las estructuras sociales. Las primeras huelga modernas (a destacar la célebre de los tejedores de Lyon en 1831, contemporánea de la de los del mismo oficio en Barcelona) fderon casi exclusivamente de origen y de intenciones profesionales; continuadoras, en cierto modo, de los movimientos de protesta análogos que los compagnons de la época gremial emprendían contra los maestros. Es más, las huelga que aparecen en el orto de la producción industrial no brotan puramente por la miseria del proletariado y el afán de mejorar sus ínfimas condiciones de trabajo, sino que son más bien reacciones de los «oficiales» u obreros calificados contra su «proletarización» o descalificación. Son huelga de las minorías obreras más elevadas. Además, no van contra el capitalismo en sí, sino contra sus consecuencias degradadoras de las profesiones tradicionales. Ni tampoco van contra el Estado (burgués o no burgués). No son huelga ni de clase ni políticas. Claro que a lo largo del s. XIX, perdidas, de un lado, las esperanzas de recuperar las calificaciones de los viejos oficios, generalizada, de otro lado, la explotación de toda la población obrera, y en crecimiento, por último, la influencia de las organizaciones sindicales y de los partidos, las huelga toman otro cariz.

Desde fines de siglo y hasta la I Guerra mundial, observamos: a) Dejan de ser protestas de élites profesionales obreras y se convierten en movimientos de masas, en paralelo con el tránsito del sindicalismo de oficio al de industria. b) Aceptado el conflicto por las clases burguesas y suprimida su represión penal (al debilitarse su vigor y crecer el poder del adversario), aumentan en número y en intensidad. c) Ya no se trata sólo de defender los oficios y su prestigio, aniquilados por el maquinismo, sino de reivindicaciones profesionales de contenido es pecíficamente económico y humano (salarios, jornada, seguridad, buen trato). d) Toman aspecto de movimientos de clase, no sólo de oficio o de rama industrial, generalizándose las de solidaridad y tendiéndose a la huelga general. e) Se hacen políticas en dos sentidos: en cuanto instrumento de lucha de ciertos sectores (socialistas, sindicalistas) y en cuanto que al intervenir el Estado con la Sozialpolitik, no se dirigen sólo contra los patronos, sino también contra los Gobiernos. J) Y en este sentido, adquieren a menudo carácter revolucionario: ya no se trata de mejoras profesionales o económicas, sino de reformar y aun subvertir el sistema vigente en su totalidad. g) Con este último carácter, aparecen como disfuncionales dentro de la estructura capitalista; pero como reivindicaciones justas y convenientes, que obligan a reajustes parciales, son funcionales.

El mito de la «huelga general»

in embargo, al dejar de ser instrumento de reivindicaciones profesionales y convertirse en arma de lucha de clases (con plena solidaridad) o en medio de presión política, surge algo nuevo: la idea de la huelga general, o paro voluntario en toda clase de actividades y empresas. Ya durante el s. XIX (primera-mente en Inglaterra en 1839) hubo intentos frustrados de la misma; pero ella adquiere consistencia y sistema con el sindicalismo francés. Manifestada en forma abstracta en el I Congreso de Federaciones Nacionales del sindicalismo francés en 1888, se recoge por la Confederación General del Trabajo (CGT) en la famosa Carta de Amiens, de 1906. Su teórico fue G. Sorel (Reflexions sur la violence, 8 ed. París 1936), el cual la presenta como «batalla napoleónica», de aniquilamiento definitivo, pues la paralización total del trabajo acarrearía el hundimiento del Estado burgués. Es «heroica» en cuanto no persigue conquistas ni utiliza victorias, sino sólo aniquilar el Estado. En ese sentido es un mito, tal como lo entiende Sorel, o sea, algo distinto de una utopía; carece de plan racional y sirve singularmente como idea impulsora que evoca sentimientos bélicos. La verdad es que los intentos realizados en España, Francia o Inglaterra, durante la I Guerra mundial o después de ella, fueron un fracaso absoluto. Con ello, con la notable mejora de condiciones de trabajo que se iniciaron entonces y con la decadencia del sindicalismo puro, la huelga general en el sentido soreliano pasó a la historia (v. Georges Sorel).

Evolución posterior

Los trastornos huelguísticos continuaron después de 1918, con estas características:

1) La presencia de ministros socialistas en los Gobiernos vino a darles un tono nuevo, pasando a ser otra vez puramente profesionales o bien netamente políticas (organizadas por los comunistas).

2) El advenimiento de regímenes totalitarios (Rusia, Italia, Alemania y otros países) trajo de nuevo la proclamación de su ilegalidad.

3) Si al acabar la II Guerra mundial hubo un aumento inmediato, pronto disminuyeron en todas partes (v. Los conflictos de trabajo de 1937 a 1954, «Rev. Int. del trabajo» VII, 1955).

4) La paz social de los años cincuenta se hizo sentir, singularmente en la disminución de su número, duración y extensión. Estadísticas oficiales francesas afirman que, si bien aumentaron a partir de 1961, todavía en 1965 el 78% de ellas duraron menos de una semana o una semana y el 54% un día lo más. Por su parte, J. F. Goodman (Las huelgas en el Reino Unido. Estadísticas y tendencias recientes, «Rev. Int. del Trabajo», mayo 1967, 519-539) dice que en los últimos diez años del 70 al 80% de los paros ingleses no duraron más de tres días.

5) Por su motivación, casi todas son profesionales.

6) Confirmando observaciones de tiempos anteriores, parece observarse la aparente paradoja de que los movimientos huelguísticos aumentan en las épocas de abundancia y no de escasez.

7) Finalmente, parecía ser cierto el fenómeno de la llamada «institucionalización» de la huelga, en virtud del cual había ingresado como mecanismo normal de las estructuras capitalistas, regulada por la ley, localizada en el mundo del trabajo industrial o en parte de él, sin afectar a la sociedad global, y habiendo perdido todo carácter violento o de lucha de clases. Esto se explica sociológicamente: cesó la combatividad de la clase obrera, las centrales sindicales y los partidos políticos, incluido el comunista, se aburguesaron, los obreros se sienten bien pagados, piensan en el consumo y no en la revolución, etc.

Siglo XX

Sustancialmente no han cambiado mucho las cosas; pero hay un hecho nuevo que quizá puede prefigurar una nueva transformación de la huelga Si hasta ahora la iniciación y cese dependían de las grandes centrales sindicales y se sometían a reglas institucionalizadas, poco a poco han ido tomando incremento las llamadas huelga salvajes, no por su violencia física, sino por su carácter agómico, o sea, fuera del control sindical y organizadas por dirigentes a nivel de empresa (delegados de taller, shop steivards, Vertrauenleuten). Surgen casi inesperadamente en empresas concretas, pudiendo contagiarse o no, y en ellas empiezan a tener primeros papeles, no los obreros, sino los técnicos e ingenieros. Sin duda corresponde esto a una tercera fase del sindicalismo, el de empresa (que sucede al de oficio y al de industria).

El célebre movimiento de mayo francés (1968), cuando dejó de ser rebelión estudiantil y pasó a las fábricas, oficinas y talleres, confirmó esas dos circunstancias: presencia de los técnicos e impotencia de los sindicatos (sobre todo de la CGT) y de los partidos (sobre todo del comunista). Y surge una reivindicación nueva: ya no se trata de subvertir el orden político, implantando el colectivismo, ni de obtener mejoras profesionales, sino de participar, de promover reformas de estructura de la empresa que lleven a la cogestión o a la autogestión. ¿Estará ahí el futuro de la huelga? ¿O bien, su destino es desaparecer? En la publicación colectiva La huelga (Santa Fe 1951) E. J. Couture y A. Pla, refiriéndose al Uruguay, y J. Rivero, aludiendo a Francia, estiman que la huelga es un fenómeno transitorio, que desaparecerá cuando el Estado deje de estar dominado por la burguesía y pueda actuar como pacificador y justiciero. Entonces la misma quedará como una «reminiscencia bárbara del siglo XIX» (según expresión de Keynes). Sin desconocer por eso que ha cumplido una función histórica como remedio de los males del capitalismo... y aún podría cumplirla en los países comunistas.

Clases de huelgas

• huelga administrativa. Negativa de los trabajadores que cumplen alguna formalidad administrativa de llevar a cabo (por ej., los profesores que se niegan a dar clase o a examinar.).
• huelga de bajo rendimiento. Llamada también de trabajo lento, ésta consiste en el acuerdo de bajar las tasas de productividad.
• huelga de brazos caídos. La que practican en su puesto habitual de trabajo quienes se abstienen de reanudarlo a la hora reglamentaria.
• huelga de celo. Consiste en la aplicación rigurosa y exhaustiva de todas las instrucciones y formalidades que regulan un servicio público, hasta el extremo de paralizarlo (controladores de navegación aérea, aduaneros, etc.).
• huelga de hambre. Abstinencia total de alimentos que se impone una persona mostrando su decisión de morirse si no consigue lo que pretende.
• huelga de solidaridad. Es la que se lleva a cabo no para obtener mejoras en el seno de la empresa, sino para defender determinadas libertades sindicales, apoyar la readmisión de un despedido, o bien para apoyar las reivindicaciones de los trabajadores de otra empresa o sector.
• huelga en circuito. Llamada también en escalada, por afectar sucesiva y alternadamente a las distintas zonas de producción de una empresa.
• huelga revolucionaria. La que responde a propósitos de subversión política.
• huelga salvaje. Se denomina así en los países sajones y escandinavos a aquella huelga que produce rescisión del contrato de trabajo por no haber sido acordada por la organización sindical unitaria.
• huelga sorpresa. Es la que no tiene en cuenta las exigencias legales del preaviso o que se produce sin previos contactos negociadores con el patrono.

Bibliografía

J. M. MARAVALL, Trabajo y conflicto social, Madrid 1968

K. G. C. KOWLES, Strikes, Oxford 1952

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G. FRIEDDIANN y P. NAVILLE, sociología del trabajo, II, México 1963, cap. 18

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R. LUXEMBURG, Huelga de masas, partido y sindicatos, Siglo XXI, 1976. ISBN 9788432317361

Institut De Démobilisation, Tesis sobre el concepto de huelga, ARTEFAKTE, 2014. ISBN 9788494065446

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