Neorrománico
Contexto histórico: el historicismo del siglo XIX El neorrománico no fue un fenómeno aislado sino parte de una corriente de fondo que marcó profundamente toda la cultura arquitectónica del siglo XIX: el historicismo, es decir, la tendencia a buscar en los estilos del pasado —el arte gótico, el románico, el Renacimiento, el barroco, el mundo clásico grecolatino— modelos formales para el presente. Este impulso historicista nació de la nostalgia romántica por la Edad Media cristiana, que la literatura, la filosofía y el arte del romanticismo habían convertido en una edad de oro espiritual y comunitaria frente a la frialdad racionalista del Ilustración y la deshumanización de la Revolución Industrial. Mientras el neogótico encontraba sus principales defensores en Inglaterra y en el mundo anglosajón —con la figura central de Augustus Welby Northmore Pugin como gran teórico— el neorrománico arraigó con especial fuerza en Alemania y en los países de Europa central y oriental, donde el románico era percibido como el estilo propio de la nación germánica y su adopción tenía una dimensión explícitamente política y nacionalista.
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