Sindicato

Introducción

El término «sindicato» procede del latín syndicus, que significa «delegado de una ciudad». En el francés medieval, syndic pasó a designar al representante de una comunidad determinada. Con la revolución industrial, las uniones de trabajadores adoptaron el nombre de sindicatos. El desarrollo industrial ha traído consigo el enfrentamiento entre patronos o empleadores y trabajadores. Los primeros porque quieren reservar para sí el mayor beneficio posible, los segundos porque desean mejorar sus condiciones de vida y su remuneración. Las organizaciones en que se integran los trabajadores para actuar como grupos de presión en el ámbito laboral se denominan sindicatos.

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El sindicato es la asociación de trabajadores de un determinado sector económico para obtener mediante la acción colectiva mejoras en el salario, en las condiciones de trabajo, en la seguridad y en el status político y social.

El sindicalista y político Lech Walesa, líder de Solidarnosc, durante un mitin del sindicato. Trabajador en los astilleros de Gdansk, lideró este sindicato independiente y fue uno de los instigadores de las huelgas obreras de 1980, que pusieron en peligro el régimen comunista. Más tarde alcanzaría la presidencia de Polonia (1990-1995).

Introducción

El término «sindicato» procede del latín syndicus, que significa «delegado de una ciudad». En el francés medieval, syndic pasó a designar al representante de una comunidad determinada. Con la revolución industrial, las uniones de trabajadores adoptaron el nombre de sindicatos. El desarrollo industrial ha traído consigo el enfrentamiento entre patronos o empleadores y trabajadores. Los primeros porque quieren reservar para sí el mayor beneficio posible, los segundos porque desean mejorar sus condiciones de vida y su remuneración. Las organizaciones en que se integran los trabajadores para actuar como grupos de presión en el ámbito laboral se denominan sindicatos.

Sidney y Beatrice Webb lo definieron como «una asociación permanente de asalariados con el fin de conservar o mejorar las condiciones de sus relaciones de trabajo». El Convenio Internacional 87, adoptado por la OIT, dice que «el término organización significa toda organización de trabajadores o empleadores que tenga por objeto fomentar y defender los intereses de los trabajadores o de los empleadores»; definición inconcreta, no por referirse simultáneamente a sindicato empresariales y obreros, lo que es aceptable, sino por carecer de última diferencia, pues caben en ella realidades que no pueden considerarse sindicato; como son las asociaciones mutualistas y benéficas, etc.

Carlos Marx y Federico Engels. Escultura en bronce de Walter Howart. Berlín Este. Zeughaus.

Instrumentos de presión y lucha de los sindicatos

El logro de los fines sindicales ha exigido a través de la historia negociación y lucha constantes y firmes con los empresarios y también con los poderes públicos. El sindicato obtiene sus medios económicos sobre todo de las cuotas de los trabajadores afiliados, y con ellos financia los instrumentos de su política sindical. Destacan entre éstos la negociación colectiva, en la que los representantes sindicales (que cuentan con asesoramiento de abogados y economistas sindicalistas o contratados por el sindicato) discuten con los representantes de la organización empresarial el aumento de salarios, la reducción de la jornada laboral, las mejoras en las prestaciones sociales (economatos -tiendas sindicales-, ayudas para estudios de hijos, etc.), la movilidad geográfica y funcional, los planes de reconversión industrial, etc. Si la negociación llega a buen fin se firma el denominado convenio colectivo, cuya duración temporal puede ser de uno o más años. En caso de ruptura en la negociación, el sindicato puede recurrir a uno o simultáneamente a los dos recursos extremos, la movilización y la huelga. Mediante la primera, los trabajadores son llamados a manifestarse en las calles de la ciudad al objeto de hacer pública su protesta. Mediante la huelga, se interrumpe durante un determinado tiempo (a veces meses) la actividad productiva de una empresa o un sector económico, con la finalidad de ocasionar perjuicios a los empresarios y obligarlos a ceder a sus pretensiones. Para evitar la acción de los llamados esquiroles (trabajadores que no siguen la huelga o que son contratados por los empresarios para que no se detenga la producción) el sindicato crea piquetes de huelguistas que impiden la entrada a los centros de trabajo.

Evolución histórica

Los primeros sindicatos nacieron en la Gran Bretaña en el siglo XVIII, durante la revolución industrial, a partir de las sociedades de socorros mutuos creadas en la industria textil para paliar los infortunios de los trabajadores enfermos o desempleados. Las ideas liberales difundidas tras el triunfo de la revolución francesa, contrarias a toda clase de presión corporativista, dieron lugar a leyes prohibitivas de la actividad sindical; así, los Estatutos de Combinación británicos de 1799 y 1800 declararon a los sindicatos conspiraciones criminales contra la sociedad. De contenido similar fue la Ley Chapelier francesa, de 1791. El ejemplo fue seguido en toda Europa y en los Estados Unidos.

Lentamente, los sindicatos fueron afianzándose, y en 1824 se abolieron en el Reino Unido los Estatutos de Combinación; en 1851 se creó la Sociedad Integrada de Técnicos, cuya fuerza consistía en el control de la mano de obra cualificada. El estatuto sindical de 1871 legalizó los sindicatos. Desde entonces, éstos aumentaron su importancia en la vida económica británica y fueron los fundamentos del Partido Laborista, que a lo largo del siglo XX se convirtió en uno de los principales partidos del Reino Unido. La organización nacional que representa a los sindicatos británicos es el Congreso Sindical (Trade Unions Congress, TUC).

En los Estados Unidos el sindicalismo se inició en 1827, y en 1886 se formó la poderosa Federación Estadounidense del Trabajo (American Federation of Labor, AFL), que en 1955 se unió con el Congreso de las Organizaciones Industriales (Congress of Industrial Organizations, CIO), agrupando a más de quince millones de trabajadores. Contrariamente a lo que sucede en el Reino Unido, el sindicalismo en los Estados Unidos se orienta más a la defensa y mejora de salarios y condiciones de vida de los trabajadores que a la actividad política.

En la Europa continental cabe distinguir dos tipos de sindicatos: el de los países latinos y el nórdico. El primero, dominante en Francia, Italia y España, se caracteriza por la orientación política de los mismos -generalmente izquierdista-, sin abandonar la defensa del trabajador. El segundo tipo, parecido al estadounidense, tiene un carácter más apolítico. Un tercer modelo, ya desaparecido, era el de los países comunistas, donde los sindicatos no solían negociar sobre cuestiones laborales y se dedicaban primordialmente a la gestión de actividades sociales (alojamientos, casas de reposo, organización de excursiones, etc.), con un total sometimiento al gobierno.

Manifestación obrera en Madrid. Archivo Urbión.

En América Latina, la alta tasa de crecimiento demográfico ha contribuido a incrementar el desempleo, y como consecuencia los esfuerzos de los sindicatos se han orientado a proteger a los trabajadores empleados de la presión de los que carecen de trabajo. Pueden distinguirse tres movimientos continentales distintos. El primero, moderadamente progresista, está constituido por la Organización Regional Interamericana de Trabajadores (ORIT); el segundo es la Confederación Latinoamericana de Sindicalistas Cristianos (CLASC), radicalmente opuesta a la ORIT; y el tercero se compone de organizaciones dominadas por los partidos comunistas o simpatizantes del comunismo. De todas las naciones hispanoamericanas, México es la que cuenta con el sindicalismo más potente. En las décadas de 1980 y 1990, al hilo de la desregulación generalizada del mercado laboral en todo el mundo y del agravamiento del fenómeno del desempleo, el sindicalismo tradicional entró en una fase de crisis e incertidumbre. El número de afiliaciones descendió, y con ello el protagonismo y representatividad de las organizaciones sindicales, algunas de las cuales optaron por adaptarse a las nuevas condiciones de la globalización modernizando sus estructuras y poniendo el acento más en la prestación de servicios a sus afiliados que en la mera reivindicación salarial.

A lo largo del tiempo y a lo ancho de la geografía se ha producido con caracteres distintos, que dan a cada uno peculiar fisonomía. Sin embargo, a juicio de Gallart Folch, la evolución se ha mantenido en la línea de ciertas constantes, que puntualiza en: su espontaneidad inicial, presentarse como movimiento típicamente clasista, diversificarse por oficios o especialidades de producción, manifestarse pluralizado por ideas políticas matizadoras, y ser esencialmente un fenómeno industrial, de carácter minoritario, gravitando sobre la economía como grupo de presión. Podría objetarse a tantas y tan precisas características que, a lo largo de su trayectoria histórica, los factores circunstanciales han podido modificar fundamentalmente algunas de aquéllas, pero habrá de reconocerse su general aplicabilidad, especialmente en el alboreo del fenómeno sindical y en ambientes no demasiado condicionados. La situación actual del sindicalismo en Europa presenta la más distinta variedad. Gran Bretaña, Alemania y Suecia acreditan tendencia hacia la unidad sindical convencionalmente establecida.

En Gran Bretaña se advierte un cierto peligro, denunciado por Lefrac, de desembocar en un sindicato único y obligatorio, pues, aunque algunos grupos sindicales se hallen fuera del encuadramiento de las Trade Unions, la vinculación de éstas al partido laborista, sobre el que curiosamente ejercen una influencia contraria a la habitual servidumbre del sindicato al partido, hace que la corporación sindical practique una positiva absorción sobre los grupos sindicales independientes. La libertad sindical de Alemania no es óbice a que en la misma se produzca una agrupación solidaria de los sindicato en la DGB, fuera de la cual persiste un pequeño grupo aislado, procedente de un reducto resistente de los católicos.

En Suecia, que había alcanzado una disciplinada unidad, la presencia últimamente de algunas «huelgas salvajes» revela la existencia de un sindicalismo incontrolado, cuyo alcance es imprevisible, que resquebraja una unidad socialista coordinada con los sindicato empresariales.

Francia e Italia han producido un pluralismo significativo. En aquélla se produjo la escisión en el grupo más importante, la Confederación General del Trabajo (CGT), que se ha desdoblado, dejando en su matriz una importante influencia comunista y recogiendo en el grupo escindido CGT, FO (Fuerza Obrera) la solera socialista y de colaboración; los sindicato cristianos ejercen cierta influencia, y en orden de importancia por su número de sindicados, se sitúa así su respectiva situación: CGT, Cristianos (CFTC) y CGT (FO), quedando en último lugar los sindicato de mandos intermedios (cadres).

Una huelga en París; el ejército ocupa la obra, según el «Petit Journal» de 23 de octubre de 1898. París. Biblioteca Nacional.

En Italia, la diversidad ha producido una situación confusa, en la que los sindicato comunistas, socialdemócratas, cristianos y los nostálgicos del fascismo se reparten los censos obreros, en el mismo orden en que han sido citados. Se destaca la tendencia a la unidad que se presenta en la práctica francesa e italiana y que se traduce en la realización solidaria de tácticas reivindicativas, llevadas a cabo por los distintos sindicato de cada uno de estos países.

En la URSS y países satélites, el sindicato se asienta sobre ejes claros: unidad en su existencia, voluntariedad formal en la afiliación y sumisión al partido comunista, bajo cuya protección se hallan, según declaración hecha por el gobierno al Comité de Libertad sindical de la OIT. En estas circunstancias constituyen organizaciones faltas de autonomía, que han atraído de manera ciertamente condicionada a más del 80% de la población obrera. España y Portugal mantienen la unidad sindical, por sindicación automática en la primera y formalmente voluntaria en el segundo. Sus ensayos han merecido la especial atención del profesor Paul Durand.

EE.UU. tiene un sindicalismo liberalmente impulsado, según Lipset, por el reconocimiento del éxito y la igualdad, lo que le imprime comparado con los europeos, una ideología más conservadora, menor solidaridad, táctica más belicosa, descentralización en relaciones colectivas y dirección más burocrática. Las dos grandes sindicales (AFL y CIO) consiguieron una unidad inestable, pues la tendencia asociacional es limitada y no llega al 30% de la masa laboral encuadrada en los sindicatos.

El estudio realizado por el Instituto de Investigaciones Sociológicas de Chile de los años ochenta, el esquema de los sindicato en América Latina quedaba de la siguiente manera: a) sindicato de élites, con orientación socialista: Chile; b) sindicato de masas, con involucraciones estatistas, orientados al reformismo legal: Brasil y México; c) sindicato de masas, independiente y orientado al reformismo contractual: Argentina. La Conferencia Regional africana de la OIT no quiso admitir los principios de libertad y pluralismo propuestos por ésta, prefiriendo una unidad, más eficaz en la acción reivindicativa, pero más controlable por las esferas gubernamentales, criterio que ha prosperado especialmente en los países árabes. En Asia existe en cambio mayor diversidad sindical.

La internacionalización sindical

Los sindicato tienen proyección en la esfera internacional, pues la federación de sus asociaciones, habitualmente por contactos ideológicos, multiplica su fuerza. Los problemas sociales, desde su planteamiento inicial, tienden a internacionalizarse, por los inconvenientes de la diversidad legislativa y de nivel industrial de los países. Fracasaron los primeros intentos, puramente intelectuales (preferentemente franceses: Blanc, Delessert, Villermé, Legrand, etc.), pero en 1890, la frustrada conferencia de Berlín inició el contacto entre los Estados para una internacionalización legislativa. La sindical se anticipa, flota como deseo desde el Manifiesto Comunista de 1848, en el grito de Marx y Engels: «Proletarios de todos los países, untos». Pero la I Internacional Obrera no surge hasta la Exposición de Londres (1862), creándose en 1864 el comité redactor de sus estatutos, con el que colaboró Marx, afirmando sus principios en el Manifiesto. La escisión de los anarquistas y la oposición patronal extinguieron esta Internacional en 1876.

Puede señalarse como su signo diferencial el ser netamente clasista y obrera, más que profesional e ideológica. Otra Exposición Universal, la de París en 1889, motivó la constitución de la 11 Internacional, matizada por corrientes políticas, concretamente socialistas. Se llamó «Federación Sindical Internacional» y su socialismo internacionalista y antibelicista quedó adoptado abiertamente a partir del Congreso de Londres (1896), en el que fueron derrotadas las tendencias anarquistas, optándose por una acción sindical legalista y parlamentaria, conducta que influyó en el desarrollo industrial de la época. La organización adoptada por la Internacional en su Congreso de París (1890) ya vislumbraba estas tendencias, al crear, junto a la Secretaría, una Oficina Socialista y un Comité Interparlamentario, acusando así, junto a su internacionalismo, sus vías de actuación nacional.

La guerra de 1914 y el asesinato de laurés, su gran directivo, fueron las causas de extinción de esta II Internacional. En el Congreso de Zimmerwald los sectores revolucionarios se escindieron, fundando la III Internacional, vinculada a la Sindical Roja en 1920, obediente a Moscú, que le imbuyó su sentido bolchevique y la aspiración a la dictadura del proletariado.

Merece cita la Internacional anarco-sindicalista, que en 1922 levantó las arriadas banderas de la I Internacional, en una ideología híbrida de sindicalismo y anarquismo radical. Los sindicato cristianos tienen su precedente en el sermón de Mons. Ketteler en la catedral de Maguncia (1848) aconsejando la sindicación de los obreros, como único medio de lograr sus justas reivindicaciones sociales.

En 1891, la enc. de León XIII Rerum novarum insiste en el tema y relata los éxitos del sindicato católico. Sobre este ambiente y a consecuencia de los acuerdos del Congreso de La Haya, se constituye en 1921 la Confederación Internacional de Sindicatos cristianos (CISC), no exclusivamente católica, pues ejercen en ella definitiva influencia sectores protestantes y aun algunos no confesionales.

El papa León XIII en 1891. «Petit Journal». París. Biblioteca Nacional.

A partir de la última Guerra universal, el panorama sindical internacional ha cambiado, como consecuencia del reajuste operado en vísperas de su terminación (febr. 1945) en Londres, donde se acordó la fusión de las Internacionales existentes, a las que se unió la Confederación de Trabajadores de la América Latina.

De la nueva Federación Mundial de Sindicatos (FMS) permanecieron independientes, entre otros, los sindicato cristianos y la American Force of Labour (AFL) de Estados Unidos. El idilio sindical universal duró poco, pues la repulsa hacia el comunismo y su acción a través de las sindicales produjo una importante escisión, principalmente de los sindicato inglés y alemán, que con los norteamericanos, varias sindicales de Francia e Italia y el contingente hispanoamericano, como núcleo, constituyeron en 1949 una Confederación Internacional de Organizaciones Sindicales Libres (CIOLS) de matiz anticomunista y demócrata, que recientemente ha cambiado su denominación por la de Conferencia Internacional de Sindicatos libres (CISL). Por su parte, la Confederación Internacional de Sindicatos Cristianos, en competencia de proselitismo con la CISL, ha sacrificado su confesionalismo cambiando el nombre, pues en 1969 ha pasado a denominarse Confederación Mundial de Trabajadores (CMT). Los efectivos en los años setenta de estas Internacionales son: la FMS agrupa 138 millones de trabajadores en su mayoría en los países comunistas: la CISL, 63 millones, y la CMT, 10 millones. Hay también numerosos sindicato sin confederar.

Organizaciones sindicales internacionales

En 1901, y bajo la guía del sindicalismo alemán, se creó la Federación Internacional de Sindicatos (International Federation of Trade Unions), que desapareció con la primera guerra mundial. La Internacional Comunista de Sindicatos, creada después de la revolución rusa (1917), también desapareció antes de 1939. En 1945, organizaciones comunistas británicas, estadounidenses y soviéticas crearon la Federación Mundial de Sindicatos (World Federation of Trade Unions, WFTU). En 1949, los grupos sindicales no comunistas crearon la Confederación de Sindicatos Libres (International Confederation of Free Trade Unions, ICFTU). Una organización internacional de menor importancia está constituida por la Federación Internacional de Sindicatos Cristianos (International Federation of Christian Trade Unions, (IFCTU), integrada principalmente por sindicatos católicos de Francia, Italia y América latina.

Clases de sindicatos

Atendiendo a su ideología, los sindicatos pueden clasificarse en izquierdistas, cristianos y apolíticos, como se desprende de la anterior reseña histórica. Atendiendo a la condición profesional de sus miembros se distinguen los sindicatos de clase, integrados por trabajadores poco cualificados, y los llamados sindicatos de cuadros, surgidos en Francia en la segunda mitad del siglo XX, que agrupan principalmente a profesionales con puestos de trabajo de alta responsabilidad. Aunque esta última distinción perdió vigencia en la década de 1990.

Estructura interna

Los sindicatos nacionales tienen, generalmente, una estructura federativa que recoge en cada federación las secciones sindicales, agrupadas en sindicatos provinciales o regionales, de cada actividad económica. Los órganos de cada federación se componen, con una u otra denominación, de un congreso federal, órgano supremo decisorio que elige a la comisión ejecutiva federal, y una o más comisiones para la auditoría y la consideración de los conflictos intersindicales; y de un comité federal, al que corresponde convocar los congresos y dirigir la política de la federación. Todas las federaciones están representadas en el congreso interfederal y en el comité interfederal, al frente del cual figura un secretario general, que es el máximo representante ejecutivo individual del sindicato.

Tipos

El sindicato obrero se presentó variadamente. Nació en reducido ambiente de profesionales cualificados, en los «sindicatos de oficio», eficaces por lo solicitado de sus miembros, que impusieron su encuadramiento como requisito para la colocación. Luego se amplió, con sentido más clasista que profesional, constituyendo los «sindicatos de base». Hoy los sindicato procuran afiliar a todos los trabajadores de su rama, sin renuncia de los de «cuello blanco» (empleados administrativos y técnicos), que frecuentemente ocupan posiciones directivas.

El sindicato revolucionario desacata la legitimidad de las instituciones, en busca de una ideología habitualmente comunista o anarquista.

El sindicato que Briefs llama «consolidado» respeta las situaciones, aspirando a una evolución en las mismas. En Hispanoamérica se distingue entre sindicato con «personería» y sin ella, siendo aquéllos los representativos. Por su ámbito se denominan de empresa, locales, nacionales...; estos sindicato de empresa no deben confundirse con los sindicato mediatizados que aquéllas constituyen que, por falta de independencia, no pueden considerarse auténticos.

Según integren directamente sus miembros o sus asociaciones, son primarios, federaciones, confederaciones, etc. Por sus actividades son agrícolas, industriales, de servicios, etc.

Sindicatos verticales y horizontales

La diferenciación de los sindicato en verticales y horizontales, distinción terminológica que exige entendimiento previo de su significado, es frecuente. Afirma Martín Brugarola que esta verticalidad puede interpretarse en tres sentidos diferentes.

a) El primero se refiere a la concentración de la estructura sindical. Frente a los sindicato horizontales, que responden a fórmulas primeras en el tiempo, y que sólo agrupan a miembros de la misma profesión u oficio, como los clásicos sindicato de oficio, el sindicato de industria agrupó a la totalidad del personal de la empresa o rama económica, de manera que se han calificado como verticales por la distinta altura profesional de sus sindicados.

b) El segundo sentido corresponde a la centralización sindical, por agrupamiento de los distintos sindicato, horizontales en principio, en una unidad superior, que abarca distintos niveles de trabajadores, coexistiendo la inicial línea horizontal con la vertical resultante de la centralización,

c) Finalmente, en la interpretación más extendida, el sindicato horizontal supone la dicotomía trabajador-patrono de forma que solamente los trabajadores se integran en el sindicato, concebido como elemento de oposición los patronos; por el contrario, el sindicato vertical considera la presencia de una comunidad de intereses entre ambas clases dentro de cada unidad económica y las agrupa unitariamente, sin perjuicio de la posible autonomía de cada grupo constitutivo de la estructura sindical, que pueden así actuar libremente en la defensa de sus respectivos intereses.

La concepción del sindicato vertical representa un término medio entre dos ideologías en cierto modo caducas, la del sindicato mixto y la corporativa. El sindicato mixto es la figura, fomentada por León XIII, que consideró la presencia conjunta de patronos y trabajadores como medio para acabar con la lucha de clases, preferible al encastillamiento en sus posiciones de sus respectivos sindicato horizontales.

El corporativismo, que tuvo amplia aceptación entre la segunda y cuarta década del siglo y alcanzó ciertas realizaciones políticas, implica una mecánica que B. Aragón, tomándola del pensamiento de Rocco, sintetiza diciendo que el individuo es el punto, el sindicato el conjunto de organización vertical, y la corporación la organización llamada a desarrollar la acción política. Por eso pudo decir Legaz que aun cuando el sindicalismo vertical haya renunciado al corporativismo, es éste el género al que pertenece.

Sociología del sindicato

Sociológicamente hay que considerar si el sindicato es mera asociación, producida por decisión de sus miembros, o si es una comunidad surgida de modo espontáneo como resultado de la semejante situación en que una serie de personas se encuentran dada su dependencia en el trabajo, lo que crea una afinidad espontánea y una vinculación más fuerte que la simple coincidencia de voluntades en la estimación de los medios más convenientes a la consecución de los fines comunes, es decir, esa intimidad, característica, según Tónnies, de las comunidades. Si se acepta la primera posición, el sindicato será una asociación libre en su constitución, actuación y fines, sin más limitaciones que las de las leyes, la moral y la salud públicas. Si es una comunidad, habrá de regularse según su propia naturaleza, como las demás comunidades, familia, municipio, nación. La doctrina, pues, es importante a efectos de determinar los límites de la libertad sindical y autorizar las fórmulas unitarias y aun obligatorias de la concepción comunitaria, que no encajan en el liberalismo propio de una concepción simplemente asociativa.

Funciones

Las funciones de los sindicato se han ampliado progresivamente. Se concretaron en principio a la defensa de los trabajadores ante sus empresarios. Llegaron a un especial grado de expansión cuando el convenio colectivo tomó efectos de obligar: a través de su generalización y de la declaración de aplicabilidad de sus cláusulas a todas las actividades de la rama para la que se establecía, entró el sindicato en una fase de colaboración en las normas jurídicas. La tercera etapa corresponde a la llamada «participación», con doble zona de influencia; en primer lugar, la empresa, donde las representaciones laborales ejercen ciertas funciones de asesoramiento, que llegan ala integración en los consejos de administración; en segundo lugar, los órganos directivos del desarrollo económico y social, como aconseja la 44a Conferencia Internacional del Trabajo, en su Recomendación 113 (junio 1960). Desde otro punto de vista, los sindicato responden a dos objetivos: o se declaran violentos enemigos de las estructuras vigentes, aspirando a la revolución, o son órganos colaboradores del Estado, ya procurando su evolución, como en los países occidentales, o sirviéndole dócilmente en los soviéticos. Digamos, finalmente, que funciones sindicales han sido y continúan siéndolo las que Iglesias Selgas llama «acciones asistenciales», de abolengo y multiplicidad de manifestación: seguridad social, previsión, ocios, hogar y muchas en que es rico el sindicalismo español.


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